casi no vale la pena desearte júbilos
y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
M. B.
Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido
E. B.
Ahora que los días en los que me sorprendo no pensando en ti, no recordándote, son más frecuentes, es cuando me doy cuenta que no te fuiste del todo, de que sigues arraigada en mí, aunque no siempre lo perciba.
No hace tanto que te marchaste, aunque ya pasó mucho tiempo y el momento de tu partida es cada vez más tenue. Sin embargo, es cuando no estás, cuando no pienso en ti, ni te recuerdo, ni te siento, que es más evidente el que sigues conmigo, porque yo soy tú: soy tus enseñanzas, tus valores, tus rasgos, tus defectos y hasta tus ademanes.
Es cuando no estás que lo mejor que dejaste de ti en este mundo aflora en este ser humano lleno de defectos, imperfecciones, deficiencias y vicios, que cada día busca ser mejor persona, a veces conscientemente y otras por instinto, ése que dejaste arraigado en mí.
No voy a negar que te extraño, porque así es, mucho de hecho, pero también me siento contento por ti y, por qué no, por mí. Por ti pues ya no tienes que padecer las desdichas de un mundo cada vez más hipócrita, corrupto, blasfemo y podrido, aunque estoy seguro que hay muchas cosas que te encantaría ver; por mí porque desde que te fuiste la vida me es más difícil, pero eso es lo que me ha hecho crecer. Mentiría si dijera que no hecho de menos tus cuidados, pero confieso que me siento mejor sin tu sobreprotección.
Ahora que ya no estás tan a menudo, este día me parece menos triste, aunque me haría mucho muy feliz poder abrazarte, besarte y decirte lleno de alegría "¡feliz cumpleaños, mamá!", pero bueno, sabes que de alguna manera muy íntima lo hago.
No te voy a pedir que no te alejes, estoy cierto que aunque lo hiciera no lo harías, y claro que no quiero hacerlo. Simplemente continuaré con la vida que me diste, trataré de seguir el camino que me enseñaste aunque sí, lo haré a mi modo, y sábete que siempre dejaré la puerta de mis sueños abierta para que vengas a visitarme. Tú siempre, sea o no un aniversario de tu nacimiento o partida, serás bienvenida y querida por mí, aunque a veces me sorprenda no recordándote.