jueves, 16 de junio de 2011

Cuando no estás

casi no vale la pena desearte júbilos
y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
M. B.

Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido
E. B.


Ahora que los días en los que me sorprendo no pensando en ti, no recordándote, son más frecuentes, es cuando me doy cuenta que no te fuiste del todo, de que sigues arraigada en mí, aunque no siempre lo perciba.

No hace tanto que te marchaste, aunque ya pasó mucho tiempo y el momento de tu partida es cada vez más tenue. Sin embargo, es cuando no estás, cuando no pienso en ti, ni te recuerdo, ni te siento, que es más evidente el que sigues conmigo, porque yo soy tú: soy tus enseñanzas, tus valores, tus rasgos, tus defectos y hasta tus ademanes.

Es cuando no estás que lo mejor que dejaste de ti en este mundo aflora en este ser humano lleno de defectos, imperfecciones, deficiencias y vicios, que cada día busca ser mejor persona, a veces conscientemente y otras por instinto, ése que dejaste arraigado en mí.

No voy a negar que te extraño, porque así es, mucho de hecho, pero también me siento contento por ti y, por qué no, por mí. Por ti pues ya no tienes que padecer las desdichas de un mundo cada vez más hipócrita, corrupto, blasfemo y podrido, aunque estoy seguro que hay muchas cosas que te encantaría ver; por mí porque desde que te fuiste la vida me es más difícil, pero eso es lo que me ha hecho crecer. Mentiría si dijera que no hecho de menos tus cuidados, pero confieso que me siento mejor sin tu sobreprotección.

Ahora que ya no estás tan a menudo, este día me parece menos triste, aunque me haría mucho muy feliz poder abrazarte, besarte y decirte lleno de alegría "¡feliz cumpleaños, mamá!", pero bueno, sabes que de alguna manera muy íntima lo hago.

No te voy a pedir que no te alejes, estoy cierto que aunque lo hiciera no lo harías, y claro que no quiero hacerlo. Simplemente continuaré con la vida que me diste, trataré de seguir el camino que me enseñaste aunque sí, lo haré a mi modo, y sábete que siempre dejaré la puerta de mis sueños abierta para que vengas a visitarme. Tú siempre, sea o no un aniversario de tu nacimiento o partida, serás bienvenida y querida por mí, aunque a veces me sorprenda no recordándote.

sábado, 2 de abril de 2011

Quisiera ser mar

El mar se mide por olas,
el cielo por alas...
Jaime Sabines, Horal

Quisiera ser mar, para reflejar el cielo. O al menos ser una ola, y recorrer el océano completo, jugando con botes y barcos; sacar mi furia con tormentas y transportar peces y vida, de todos colores y tamaños.

Quisiera ser mar e inundar los ojos de marineros, pescadores, bañistas y coquetas chicas en biquinis veraniegos. Quisiera bañar miles de playas, borrarles las huellas que cada día se escriben sobre ellas, y estrellarme con rocas y archipiélagos, moldeándolos conforme pasa el tiempo.

Quisiera ser mar, para reflejar el cielo. Tragarme cada día el sol y soltar la luna, y viceversa.




Foto: Playa Mazunte, Oaxaca (Juan Luis Ramos)

martes, 1 de marzo de 2011

Variación de Kafka III

El ahogado

Un hombre mareado por las cervezas que había tomado, cuyos envases vacios abarcaban la mitad de su mesa, se levantó tambaleante con rumbo al baño del decandente bar donde, apenas al abrir la improvisada puerta de madera, fue recibido de golpe por un fuerte y tibio aroma a orín. Se dirigió de inmediato al mingitorio de aluminio, luchó unos segundos con la bragueta de sus vaqueros, tomó con firmeza su pene flácido y lanzó un potente chorro amarillo que apuntó, sonriente y en un amago de broma tonta, hacia el cadáver de Gregorio Samsa, que yacía bocarriba ahogado en ese pequeño lago pestilente.

lunes, 28 de febrero de 2011

La migración moderna*


La escritora colombiana Laura Restrepo estrena edición de su novela “Creo que la novela sale justo cuando debe, pues el tema está candente en México. Además, hay mucha producción en torno a la migración, en cine, poesía, teatro y música, por lo que le viene bien al libro salir dentro de un ‘caldo colectivo’”, señala.

Y es que la historia aborda el tema de la migración como resultado de la violencia que se expande y expulsa a la gente de sus lugares de origen.

“Los mexicanos siempre han buscado nuevas oportunidades hacia el norte, pero ahora se está viviendo una migración interna, que es otro fenómeno tremendo producto de la ola de violencia que obliga a la gente a dejar sus casas”, añade.

Aunque la autora afirma que la migración es un drama humanitario, dice que buscaba explorar su carácter fundacional, el cual le parece se resalta menos.

“Todo desplazado viene desde un lugar donde la vida se ha hecho imposible, pero traen consigo un renacer de la cultura. Cada caminante reanuda la posibilidad de que se dé la vida y el mundo, eso es lo que me interesaba destacar, que detrás de toda gran cultura hay un proceso de migración”, comenta la también periodista.

EL FUTURO DE LA POBLACIÓN

La migración está presente en la civilización desde el inicio de los tiempos, sin embargo es un tema que sigue incomodando a los gobiernos del orbe pues, a pesar de que en estos tiempos todo está globalizado, se quiere seguir manteniendo a la gente dentro de sus fronteras, lo cual es absurdo para la escritora.“Le pueden poner policía migratoria, rifles, bardas, cercas electrificadas y cualquier cantidad de obstáculos, pero un migrante traspasa las fronteras de todas formas. Son los primeros en decir 'lo nuestro es el planeta, no traten de encerrarme porque no voy a obedecer'”.

Restrepo, quien cuenta haber quemado naves en Bogotá para venir a radicar permanentemente en México, considera que el futuro se conformará por hordas de gente migrando y que las culturas que se encierran tras sus fronteras, alimentándose del odio hacia afuera y la xenofobia, se irán apagando poco a poco.

“Hay que generar una gran cultura de la movilidad, del camino, de los que andan reviviendo el viejo espíritu nómada. Ése es el paso natural de la civilización”, asegura.



*Fragmento de la entrevista que hice a Laura Restrepo, publicada en Generación Universitaria, del diario El Universal, el pasado 22 de febrero. Foto: Paulo Vidales / EL UNIVERSAL

viernes, 28 de enero de 2011

Réquiem por un padre


Cientos de miradas sumergidas en lágrimas, miran al vacío, desconsoladas como las de infantes que quedaron sin la protección de su padre.

El silencio y la soledad imperan sobre un ambiente estridente. El pesar y los sollozos genuinos se alzan sobre los murmullos y voces farisaicos de quienes buscan siempre resaltar en momentos dolorosos.

¿Qué hacer cuando nos quedamos solos? ¿Cómo aliviar el llanto, la incertidumbre, el dolor y el temor de aquellos que quedaron sin benefactor, como barco a la deriva en un mar repleto de tiburones hambrientos de dominio, daño, destrucción, sometimiento y avaricia?

¡Ay Don Samuel! Te fuiste y dejaste tan solos a tus hijos. El desamparo les baña el rostro, la tristeza los embarga, y nos contagian a todos de ella. Y es que también nos abandonaste a nosotros, a los que buscamos y necesitamos un halo de fe, una luz esperanzadora que nos haga saber que este mundo no está del todo podrido.

¡Ay Tatic! Nos delegaste, así nomás, la enorme responsabilidad de cuidar de tus protegidos, tus hijos, nuestros hermanos. Ahora es nuestro turno de alzar la voz en nombre de los no escuchados y defender los ideales que compartiste con grandes hombres como Sergio Méndez, Ernesto Cardenal, Óscar Romero, Bartolomé de las Casas y el mismo Jesucristo.



Foto: Índigenas chiapanecos lloran durante el funeral de Samuel Ruiz en San Cristobal de las Casas. Eduardo Verdugo / AP

viernes, 21 de enero de 2011

Proust en la sopa

Es por muchos conocido (aunque no todos lo hayamos leído, todavía) el pasaje de la magdalena y el té que escribió Marcel Proust en su famosa obra En busca del tiempo perdido.

Una regresión a la infancia, producto de sabores y áromas que logran transportarnos en el tiempo de manera magistral, idea retomada en varias ocasiones, como en la novela Rapsodia Gourmet, de la también escritora francesa Muriel Barbery, o, de corte más actual y medático, el enérgico crítico culinario Anton Ego, de la película animada Ratatouille.

Todos (eso quiero pensar) hemos vivido una regresión causada por algún sabor, imagen o esencia. Un afortunado salto al pasado que nos arranca una sonrisa o lágrima, debido a la añoranza que en ocasiones nos hace pensar que "todo tiempo pasado fue mejor".

No hace mucho tuve una experiencia de este tipo. En un retorno al Café La Habana y su menú del día, probé un consomé de pollo que, agregándole unas cucharadas de salsa pico de gallo, me movió algo en la memoria que, en principio, no alcancé a recordar del todo, hasta un par de días después.

La textura de un caldo no tan aguado, sino con un ligero espesor, apenas perceptible en las papilas gustativas; el vapor saliente del plato, que expande inconcientemente las fosas nasales y logra atrapar e hipnotizar la vista; los trozos de pechuga desmenuzada que se sienten en primera instancia con la cabeza metálica de la cuchara, extensión inmediata de los dedos; todo ello sumado a los cubos inexactos y, a la vez, perfectos de jitomate, cebolla y chile de árbol que, en conjunto, recuerdan la época más feliz de mi vida: mi infancia.

Recuerdo que tendría 11 ó 12 años, me aproximaba al final de mi niñez y todavía acostumbraba salir cada domingo con mi familia a pasear, concluyendo el más famosos de los días de descanso con misa en alguna iglesia del Centro y, posteriormente, una cena en el Vips de la calle Madero.

Precisamente esa cena es la que me vino a la mente hace poco. Por lo regular mis hermanos y yo, los niños, pedíamos una sopa de tallarín cuya textura era ligeramente espesa al contacto con la lengua; su calor y aroma capturaban mi nariz a la vez que mis ojos se fascinaban con ese vapor subiendo y perdiéndose unos centímetros sobre el plato; los trozos de pechuga desmenuzada que se mezclaban con la pasta y los pedacitos de jitomate, cebolla y chile de árbol, eran la antesala de la culminación perfecta de un día perfecto, pues el sello ideal era esa copa llena de cubos de gelatina y coronada con crema batida.

Qué gratificante es recordar momentos felices en una época tan llena de malestares. Qué bello es encontrarse con esos recuerdos proustianos en lugares tan sencillos e increíbles, como puede ser una sopa.