Hace un par de noches, caminando por el paradero de Pantitlán, pasé frente a un puesto de tacos de higiene cuestionable, y en la pequeña televisión que atrapaba el interés de los comensales del modesto local, el presidente de la República hablaba sobre el enorme esfuerzo que su gobierno está haciendo en beneficio de "los que menos tienen". A esto, un señor de rostro visiblemente agotado, manos gruesas y callosas, pelo cano y bigote poblado y ceniciento, antes de dar una mordida a su taco de suadero, susurró a manera de oración y sin despegar la vista del monitor: "¡Chinga a tu madre, pendejo!". ¿Será que el mandatario, en su encomiable labor diaria, toma en cuenta a este tipo de personas y la imagen que tienen de él? ¿Acaso estará plenamente consciente de que existen?
Planteas un gran contraste, el sufrimiento diario, la cruda realidad, enfrentados a la obscena hipocrecía de una clase política deshumanizada.
ResponderEliminarYo creo que está consciente de nuestra existencia, pero le vale madre, excesivamente confiado de nuestra pasividad; sabedor de que todos le mentamos la madre a la tele pero sin estar dispuestos a tomar acción y salir a la calle a que nos escuchen de verdad.
¡Pinche tele! pos para eso está ahí, no? cumpliendo a la perfección su labor.
fabián