martes, 25 de mayo de 2010

Recuerdos de Yucatán

Las altas temperaturas que han azotado las últimas semanas al centro del país (hablo sólo del centro pues es donde vivo), y una cochinita pibil que comí hoy por la tarde, acompañada de cebolla morada picosa, además de una charla con mi amigo el Ozzo, me hicieron recordar con añoranza el viaje realizado hace casi un año a Yucatán.

Y es que el calor de la península, húmedo y sofocante, era más tolerable que el que siento ahora, quizás por el simple hecho de saberse fuera de la ciudad, más bien lejos, a cientos de kilómetros del estrés, la contaminación, la inseguridad y el ruido que nos agobian todos los días.

Por si fuera poco, los lugares, cultura, naturaleza y cocina de la región, son un aliciente para desear estar allá en este momento.

Sin duda, uno de los lugares más enigmáticos e increíbles, del que se escucha y se lee mucho, pero nada se compara a estar ahí es Chichén Itzá, en donde la pirámide de Kukulkán, reconocida como una de las nuevas 7 maravillas del mundo, asombra desde donde se le vea, lo mismo que la belleza y perfección de "El Caracol", el antiguo observatorio maya.

En Uxmal, otra ciudad maya, centro de la llamada ruta Puuc, otras dos pirámides asombran a los visitantes: la pirámide del Adivino, la mayor estructura del lugar, en donde resaltan los mascarones del dios Chaac; y la pirámide mayor, en la que todavía se permite el acceso pero a la que, tristemente, ya no pude subir.

Izamal es una de las ciudades más bellas que he conocido, un verdadero pueblo mágico. El color amarillo de sus fachadas, sus estructuras coloniales y la magnitud de su ex convento, hechizan la vista y dejan una huella profunda en la memoria. Mi propósito: pasar una noche en el pueblo, la próxima vez que vaya.

Pero lo que más me maravilló de la península no pudo haber sido hecho por el hombre: los cenotes, una maravilla natural que jamás podrá ser descrita con exactitud, ni mostrada con todo su esplendor en ninguna fotografía o video. Se necesita estar en un cenote para disfrutar de su completa belleza y comprender el por qué fueron considerados sagrados por los antiguos mayas.

¡Ah qué bella es la península! De verdad que espero con ansias el momento en el que pueda regresar y recorrer de nuevo los lugares que me maravillaron, conocer nuevos sitios y probar las delicias que allá se preparan, como el poc-chuc, los panuchos, el relleno negro, la sopa de lima y la cochinita pibil, acompañada de una rica cebolla morada.

En las imágenes, la pirámide de Kukulkán, templo principal de Chichén Itzá, y el ex convento de Izamal. (Fotos: Juan Luis Ramos).

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