jueves, 29 de julio de 2010

El color del mar

Si bien es cierto que el océano es azul (porque refleja el cielo o por las ondas de luz que rebota en nuestros ojos), su verdadera tonalidad es la que queda grabada en nuestra mente, y siempre es distinta, dependiendo del mar en el que se piense.

Así, los mares de mi vida (hasta ahora) tienen diversos colores. Por ejemplo, el Caribe, uno de los más bellos que he visto, es de un azul turquesa que puede llegar a empalagar la mirada, por ello mantiene un equilibrio con el transcurrir del día, para opacar el brillo que refleja sobre la blanca arena que baña, y así evitar cegar a los ojos que se posan en él.

Su vecino, el Golfo de México, no corre con la misma suerte: este mar lo recuerdo más grisáceo, ad hoc a días nublados y playas terrosas, sin embargo, su brisa potente es una invitación abierta a la reflexión.

El inmenso océano Pacífico es mi favorito, por su grandeza y variedad. De sur a norte su tono cambia drásticamente, conservando su belleza y magnificencia.

Las aguas que bañan a Oaxaca, al sur del país, son cálidas y transparentes; debido a su color con un ligero tono verde, casi transparente, uno puede quedarse suspendido en ellas y sentirse flotar en el aire, y desear que el tiempo se detenga, para contemplar esa pureza por siempre.

Más arriba, en Guerrero, el mar parece convertirse en un fiel espejo del cielo, con un azul claro y luminoso, tan lleno de aire que, con sólo verlo, se hinchan los pulmones.

De Mazatlán recuerdo un mar dorado, y es que en este puerto he visto el atardecer más bello de mi vida. Un sol que, ocultándose, toca el mar y lo convierte en oro puro, cual si fuera el mismo rey Midas.

Finalmente, el Mar de Cortés, visto desde Sonora, y las costas de Los Cabos, en Baja California Sur, se tiñen de un azul muy profundo; un tono que impone, que espanta, asombra y encanta a la vez.

Pero no sólo de día el mar cambia de tono, pues una vez oculto el sol el color de los océanos puede ir desde el morado del crepúsculo, el negro más profundo, cual boca de lobo, hasta el blanco, reflejo de la más bella luna llena.


Foto: Juan Luis Ramos (Los Cabos, B.C.S.)

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