viernes, 17 de septiembre de 2010

Despedida

I.M. Orión

Un silencio sepulcral se posó sobre nosotros
y las lágrimas inundaron nuestros ojos
al mismo tiempo que se apagaba tu dolor.
Todos los recuerdos llegaron de golpe
juntos, apretando el alma y ahogando el llanto.

Te quedaste dormido entre mis manos
y te llevaste la alegría que contigo compartí.
En un instante la casa cambió
para siempre.

Me dejaste medio solo, medio triste
y al final sólo una cosa te pude decir:
¡adiós, amigo!






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