I.M. Orión
Un silencio sepulcral se posó sobre nosotros
y las lágrimas inundaron nuestros ojos
al mismo tiempo que se apagaba tu dolor.
Todos los recuerdos llegaron de golpe
juntos, apretando el alma y ahogando el llanto.
Te quedaste dormido entre mis manos
y te llevaste la alegría que contigo compartí.
En un instante la casa cambió
para siempre.
Me dejaste medio solo, medio triste
y al final sólo una cosa te pude decir:
¡adiós, amigo!
Ánimo, Juanito!!
ResponderEliminarUn abrazo.
Fabián