Aunque la tecnología ha cumplido su papel preponderante en esta época, no nos ha ayudado, ni lo hará, a ser mejores personas o a funcionar como una verdadera sociedad. La gente es cada vez más individualista y egoísta; ya no nos importa ceder el paso al de alado, es más, a veces ni nos percatamos de que está ahí.
El 2009 nos dejó una horrible resaca de acontecimientos que fueron más allá de los chismes o las comentadísimas muertes de celebridades: la violencia se vino a más, los empleos a menos; un obeso miserable hizo su desmadre en Hacienda y luego lo "premiaron" con un puesto más cómodo para él.
Ahora comienza el 2010 con precios más elevados y sueldos más bajos, gracias a la retención de nuevos impuestos, pero eso sí, también se nos vende el espectáculo del año del "Bicentenario" y las fiestas que lo acompañan.
La clase política ha tomado el discurso de que hace 200 años los mexicanos nos liberamos de la opresión, y que hace 100 tomamos un camino digno como nación, en el que afirmamos nuestra identidad.
Hoy nos encontramos en una etapa poco distinta a la de uno o dos siglos atrás: nuevamente los hombres en el poder doblegan al pueblo con discursos y promesas llenas de falsedad, pero ahora se sirven de la tecnología para aletargarnos.
Sin ser pesimista me atrevo a decir que el 2010 pinta para ser un año terrible, pero cargado de esperanza, pues significa la oportunidad idónea para celebrar esos centenarios de la manera que se debiera: es un buen momento para que los ciudadanos tomemos el control del país, que exijamos a nuestros gobernantes resultados óptimos y no promesas hipócritas y estadísticas ficticias.
Viene siendo hora de despertar del sopor y la indiferencia que han caracterizado a nuestra sociedad a lo largo de varias décadas. Es tiempo de tomar las riendas de nuestro destino y exigir a las autoridades que terminen con la ola de violencia y pobreza en la que nos tienen sumergidos.
Basta de pensar individualmente y de querer escalar al éxito por medio de la espalda de los otros. Es momento de pensarnos como sociedad que crecerá en la medida en que nos preocupemos por lo que pasa más allá de las cuatro paredes de nuestras casas. Miremos que no sólo estamos acabando con el medio ambiente (otra circunstancia en la que debemos recapacitar), sino también con nosotros mismos.
Quiero hacerles llegar mis mejores deseos para este 2010, espero que les sea un año de salud, bienestar y reflexión; levantémonos e impidamos que el país termine de hundirse en la mierda que parece llegarle hasta el cuello.
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