domingo, 31 de enero de 2010

Variación de Kafka II

Metamorfosis

La cucaracha vivió casi toda su vida escondida en alcantarillas y basureros, primero, y después en los rincones obscuros de una cocina a la que pudo colarse cierta noche.

Sus días transcurrían buscando cualquier migaja con la cual pudiera alimentarse, y huyendo de los zapatazos y periodicazos con los que trataban de matarla los dueños de la casa que habitaba desde hacía un tiempo.

Hasta el momento esta historia no tiene chiste alguno, y no habría valido la pena escribirla de no ser por un acontecimiento sobrenatural, con un antecedente conocido por muchos. Bien dice aquella ley que a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en sentido contrario.

Una noche, cuando en aquella casa parecían dormir todos, la cucaracha salió de su escondite en busca de alimento. De repente, comenzó a sentir que su cuerpo crecía, y el caparazón que la cubría empezaba a quebrarse.

Con el dolor y el entendimiento que un insecto pueda tener, la cucaracha notó cómo unas de sus extremidades se le desprendían, mientras que otras adquirían una forma extraña, más torneadas, suaves y grandes. De las puntas de sus patas comenzaron a crecer carnosos y grotescos dedos con uñas. De su caparazón surgió un torso con estructura ósea interna. Las antenas se le cayeron, la cabeza le creció y de ella brotaron nariz, orejas, labios y dientes; los ojos se le hundieron y se cubrieron con párpados y pestañas. También le salió pelo en distintas partes, sin embargo, por primera vez y sin saberlo, la cucaracha sintió dolor y frío.

Luego de su transformación, todo en la cocina le pareció pequeño. Instintivamente intentó trepar por las paredes y buscar un escondite, pero no pudo asirse a los mosaicos por donde hacía unos minutos caminaba.

Tras varias horas arrinconada junto al refrigerador, el que había sido uno de los insectos más repudiados por el ser humano ahora parecía pertenecer a la creación más perfecta de la naturaleza.

Esa antigua plaga comenzó a sentir miedo, pero no el instintivo, acostumbrado por la amenaza de ser aplastada con algún objeto, sino un temor producto del raciocinio recién desarrollado, adquirido de la nada.

Un miedo a ser descubierta dado su nuevo tamaño; el terror de pensar en una nueva vida en la que tendría que lidiar con otra especie distinta a la suya, una que no sólo aplasta a sus hermanas cucarachas, sino que acostumbran pasar por encima de ellos mismos y pisotear a sus semejantes.

Entonces, la cucaracha comenzó a llorar, pues ahora era más vulnerable, una presa más fácil de encontrar por quienes siempre han buscado matarla, sus ahora hermanos, los seres humanos.

1 comentario:

  1. No puedo pasar por alto el ligero desvío estilístico del tercer párrafo: decir que la historia no tiene chiste rompe la atmósfera por completo, pues encuentro la frase demasiado coloquial para dar cuenta de un hecho fantástico como la transformación de la cucaracha.

    Es un poco artificial tu cierre, que francamente se limita a repetir aquello de que el hombre es el lobo del hombre.

    Me gusta cómo narras la transformación: sí me parece que veo al insecto haciéndose hombre. Allí hay literatura.

    Saludos.

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