domingo, 12 de diciembre de 2010

viernes, 22 de octubre de 2010

Postales de la Isla: Cayo Guillermo, Paseos del Rey


Se me llenaron los ojos de azul, el alma de aire, la vida de belleza. Cruzamos nuestras manos frente al Caribe cubano, bello, impresionante, conmovedor e injusto. Nos dolió ser felices y no poder evitarlo.


Es lo más lejos que he estado de casa y lo más cerca que he estado del cielo: un puñado de trozos de tierra que conforman un paraíso imperfecto, un sueño, un mundo remoto del mundo.


Y ahí, la joya de la corona: el Pilar del bravo novelista y sensible cazador, con sus fantasmas de submarinos nazis, encanta desde la primera vista, embruja, se queda muy dentro, para siempre.

Tu fina y blanca arena es la más suave que he pisado (lo dicho, éste es el cielo y camino sobre nubes). Borraste cada uno de nuestros pasos, pues eres tú quien deja huella en los que te pisan, y no al revés.

Arriba todo es azul, de frente impera el turquesa y abajo late, incansable, la equilibrada anarquía de todas las formas y colores.

Si pudiera cerrar mis ojos por última vez frente a ti, la muerte sería tremendamente hermosa.










En la imagen: Playa del Pilar, en Cayo Guillermo, Cuba. (Foto: Juan Luis Ramos).

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Cómo no te voy a querer...!


Si en tus aulas adquirí el conocimiento para convertirme en un mejor ser humano.

Si en tus pasillos aprendí cómo se vive dignamente.

Si tú me abriste las puertas al mundo.

Si en tu biblioteca comprendí el verdadero valor de leer y escribir.

Si luces tan bella vestida de Siqueiros, Rivera, O'Gorman y Eppens.

Si tú me enseñaste que amar a los otros es buscar el bienestar común.

Si gracias a ti aprendí a indignarme con la injusticia, el cinísmo, la opresión y el despotismo.

Si tus alumnos y maestros me ayudaron a crecer como persona.

Si abriste mi apetito por el conocimientos y la cultura.

Si en tu hermoso campus conocí a mis mejores maestros y amigos.

Si eres patrimonio de la humanidad.

Si cuando escucho tu himno o tu porra se me hace un nudo en la garganta y los ojos se me inundan.

Si cada vez que escucho tu nombre se me hincha el pecho con orgullo.

Si cien años parecen pocos comparados con tu grandeza.

Si es mi corazón azul y mi piel dorada...

¡Siempre, siempre te querré!


Foto: Juan Luis Ramos, Ciudad Universitaria, D.F.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Despedida

I.M. Orión

Un silencio sepulcral se posó sobre nosotros
y las lágrimas inundaron nuestros ojos
al mismo tiempo que se apagaba tu dolor.
Todos los recuerdos llegaron de golpe
juntos, apretando el alma y ahogando el llanto.

Te quedaste dormido entre mis manos
y te llevaste la alegría que contigo compartí.
En un instante la casa cambió
para siempre.

Me dejaste medio solo, medio triste
y al final sólo una cosa te pude decir:
¡adiós, amigo!






domingo, 5 de septiembre de 2010

Postales de la Isla: La Habana


Para Gisy, Alexis y los amigos isleños

A casi un mes de haber regresado de Cuba cada día añoro más su mítica capital: La Habana, una ciudad llena de contrastes; avejentada y a la vez llena de vida, pobre, sucia y deslumbrante; tan alejada de Dios y al mismo tiempo colmada de magia.

La Habana enamora, encandila. Pareciera que el aroma a tabaco, humedad y sudor que emana de sus edificios, calles y jardines, estuviera cargado de una pizca de toloache. La cálida suciedad de sus calles, del bullicio de los habaneros (robo las palabras Senel Paz), acoge a los extranjeros y los hace suyos.

Una vez que pisas La Habana estás condenado a no olvidarla, a querer volver.

Todo el mundo habla de La Habana, la conozca o no; de lo que ahí sucede, de lo que "dicen" que pasa ahí, de lo mal que está la gente o de lo barato o costoso que resulta ir, entre un sin fin de etcéteras. Pero todo lo que podemos imaginar de aquella ciudad, como ocurre casi siempre con lo que no conocemos, es apenas una ilusión de lo que realmente se vive y respira en la capital cubana.

En La Habana la gente trata de sobrevivir y hacer las cosas lo mejor que pueden, como en todas partes, pero el encierro que los sofoca, rodeados por un inmenso mar que va más allá de las aguas del Golfo de México y el mar Caribe, les ha impedido explotar sus mayores virtudes y, en los peores casos, les ha apagado el deseo, el ímpetu y la esperanza.

Si bien la gente de la isla no me pareció tan amable como esperaba, sí se caracterizan por ser alegres, y es que (cómo comentó un gran amigo) si se les quitara la alegría a los cubanos, qué otra cosa les quedaría.

La Habana puede, más bien debe recorrerse a pie. Lástima que a los que vivimos bajo los regímenes del capitalismo el tiempo no nos sobre. Su malecón es sin duda uno de los más bellos que he visto, a pesar del daño que le han provocado el mar, el tiempo y el descuido. Son 7 kilómetros de maravillosas postales que se guardan en la memoria y el corazón.

En Cuba uno se encuentra en cada esquina con el Ché Guevara y con José Martí, y en La Habana aún se perciben la magia de Carpentier, el espíritu de Lezama Lima y el vigor de Hemingway, este último con quien tuve el placer de tomar un trago en el Bar Floridita.

El centro mismo del universo de los sueños y la fantasía bien podría situarse en La Habana Vieja, un mundo que actualmente se encuentra resurgiendo de sus cenizas (mejor dicho, de su cascajo); paraíso para la imaginación, la prosa y la poesía.

El aroma de los habanos, el sonido del son, el sabor del ron y la belleza de las cubanas, junto con la decadencia de un gobierno, la miseria de sus más pobres seguidores, y la amargura que de vez en cuando chispa el aire cubano, complementan la imagen (im)perfecta de este paraíso latinoamericano, criticado por muchos y querido por más.



Fotos: Juan Luis Ramos. La Habana, Cuba.

jueves, 29 de julio de 2010

El color del mar

Si bien es cierto que el océano es azul (porque refleja el cielo o por las ondas de luz que rebota en nuestros ojos), su verdadera tonalidad es la que queda grabada en nuestra mente, y siempre es distinta, dependiendo del mar en el que se piense.

Así, los mares de mi vida (hasta ahora) tienen diversos colores. Por ejemplo, el Caribe, uno de los más bellos que he visto, es de un azul turquesa que puede llegar a empalagar la mirada, por ello mantiene un equilibrio con el transcurrir del día, para opacar el brillo que refleja sobre la blanca arena que baña, y así evitar cegar a los ojos que se posan en él.

Su vecino, el Golfo de México, no corre con la misma suerte: este mar lo recuerdo más grisáceo, ad hoc a días nublados y playas terrosas, sin embargo, su brisa potente es una invitación abierta a la reflexión.

El inmenso océano Pacífico es mi favorito, por su grandeza y variedad. De sur a norte su tono cambia drásticamente, conservando su belleza y magnificencia.

Las aguas que bañan a Oaxaca, al sur del país, son cálidas y transparentes; debido a su color con un ligero tono verde, casi transparente, uno puede quedarse suspendido en ellas y sentirse flotar en el aire, y desear que el tiempo se detenga, para contemplar esa pureza por siempre.

Más arriba, en Guerrero, el mar parece convertirse en un fiel espejo del cielo, con un azul claro y luminoso, tan lleno de aire que, con sólo verlo, se hinchan los pulmones.

De Mazatlán recuerdo un mar dorado, y es que en este puerto he visto el atardecer más bello de mi vida. Un sol que, ocultándose, toca el mar y lo convierte en oro puro, cual si fuera el mismo rey Midas.

Finalmente, el Mar de Cortés, visto desde Sonora, y las costas de Los Cabos, en Baja California Sur, se tiñen de un azul muy profundo; un tono que impone, que espanta, asombra y encanta a la vez.

Pero no sólo de día el mar cambia de tono, pues una vez oculto el sol el color de los océanos puede ir desde el morado del crepúsculo, el negro más profundo, cual boca de lobo, hasta el blanco, reflejo de la más bella luna llena.


Foto: Juan Luis Ramos (Los Cabos, B.C.S.)

lunes, 19 de julio de 2010

Poema bajo los cánones del twitter


Tras escribir, contar caracteres, borrar, reescribir, sentirme vencido y volver a empezar, encuentro una sola palabra que deseo postear: tú.

jueves, 15 de julio de 2010

Ejercicio a la Joe Brainard (1)


Me acuerdo de la primera vez que vi el mar y de la sensación que tuve: cómo se me "pelaron" los ojos y el golpe suave y prolongado que sentí en el pecho.

Me acuerdo de un día cuando vivía en la Roma y mi mamá me llevó al Superama de Álvaro Obregón (que todavía está ahí) a hacer las compras. En la caja me compró un paquete con tres pequeñas naves espaciales. Tendría unos tres años. Creo que es mi recuerdo más antiguo.

Me acuerdo de una tarde en el parque México, y de un velero de plástico que me compraron. Me acuerdo que lo puse a navegar sobre el riachuelo que entonces corría alrededor de la fuente.

Me acuerdo de la fachada de la casa de mi tía Chela en la calle de Guadalajara.

Me acuerdo del jardín en la casa de mis abuelos en la Agrícola Oriental.

Me acuerdo de un cuento que mi mamá nos contaba a mis hermanos y a mí, donde había una princesa y unos perros enormes y blancos. No recuerdo el hilo conductor de la historia, pero recuerdo que me gustaba la parte en la que aparecían los perros.

Me acuerdo de mi maestro Jerónimo, que me decía "el matemático".

Me acuerdo del día en que me cambiaron de primaria para estar en la misma en la que habían inscrito a mis hermanas.

Me acuerdo de mi primer amor platónico: una niña de nombre Mayra, iba en el salón de a lado y siempre lucía pulcra. Recuerdo el medallón que llevaba. Nunca hablé con ella.

Me acuerdo del hoyo en una puerta detrás de la primaria, por donde los papás les pasaban el lunch a sus hijos a la hora del recreo. No recuerdo si me llevaron algo a mí alguna vez, aunque supongo que así fue.

Me acuerdo de la Hora del Observatorio Nacional, que mi papá escuchaba todas las mañanas con el fin de que no se nos hiciera tarde para la escuela. También recuerdo el reloj de la videocasetera.

Me acuerdo de la primer película que vi en video: La Dama y el Vagabundo, de Disney. La vi en una Beta Max.

Me acuerdo del "cuarto de las arañas".

Me acuerdo de la alfombra vino de la sala.

Me acuerdo de mi primo Jorge saltando y colgándose de un árbol de tronco torcido en la calle de su casa.

Me acuerdo de un paquete con 30 carritos que mi mamá me regaló en un cumpleaños.

Me acuerdo de los Sugus.

Me acuerdo de los cigarros Dalton (en paquete de 14) que mi mamá acostumbraba comprar. Recuerdo que entraba al baño a fumar y lo mucho que me gustaba el olor después de que ella salía.

Me acuerdo de nuestro primer número telefónico.

Me acuerdo de la tienda de doña Margarita.

Me acuerdo de una vez que hice llorar a mi hermana Ale cuando de niños fuimos a la tienda. Me sentí muy mal después.

Me acuerdo de la quesadillas en el mercado Abelardo L. Rodríguez.

Me acuerdo de un viacrucis que reunió a la familia en la iglesia de Santo Domingo.

Me acuerdo del caldo de pollo y la Mundet roja en el café La Blanca.

Me acuerdo de Teresita.

Me acuerdo de un caballo de palo que tuve, y de la tonta idea de huir de casa una noche.

Me acuerdo de la radiograbadora en la cocina.

Me acuerdo de las tablas y fierros en la azotea.

Me acuerdo del pato Donald y el ratón Mickey que estaban pintados en el patio de adelante en mi casa.

Me acuerdo del olor a tierra mojada que emanaba del patio de atrás después de llover.

Me acuerdo de cómo olía mi mamá, aunque me resulta imposible describir su aroma.

Me acuerdo del momento justo en que me tomaron una foto con mi hermana Gaby en la terraza del hotel en Acapulco. Después de eso vi correr a una lagartija en la pared.

Me acuerdo del coche blanco de mi papá, aunque no recuerdo el modelo.

Me acuerdo del Datsun de mi tío José Antonio.

Me acuerdo de cuando no dejaban salir a mi primo Juan Pablo a jugar con nosotros.

Me acuerdo de una mañana fría y nublada, en la que nos dejaron faltar a la escuela.

Me acuerdo de los análisis que me llevaban a hacer, y de la hamburguesa que me compraban después.

Me acuerdo de la Burger Boy.

Me acuerdo del juego "Meta" en las orillas de la banqueta.

Me acuerdo de la vez que mi primo Daniel me tiró un pedazo de diente al tirarme contra la puertita debajo del lavabo en la cocina de mi casa.

Me acuerdo de La Pelusa y cuando llegó a la casa.

Me acuerdo de la primer computadora que tuvimos y del Word Perfect.

Me acuerdo de la mecedora de mi mamá.

Me acuerdo de Mazinger Z, Los Caballeros del Zodiaco, Los Halcones Galácticos y los Thundercats.

Me acuerdo de los Pepsilindros.

Me acuerdo del caballo de Xochimilco que mi papá me hizo creer que me había comprado.

Me acuerdo de un curso de verano por el Velódromo.

Me acuerdo cuando soñé que yo era Peter Pan.

Me acuerdo de mi primera pelea, nada gloriosa.

Me acuerdo de mi mamá acariciando mi rostro cuando me hacía el dormido.

martes, 25 de mayo de 2010

Recuerdos de Yucatán

Las altas temperaturas que han azotado las últimas semanas al centro del país (hablo sólo del centro pues es donde vivo), y una cochinita pibil que comí hoy por la tarde, acompañada de cebolla morada picosa, además de una charla con mi amigo el Ozzo, me hicieron recordar con añoranza el viaje realizado hace casi un año a Yucatán.

Y es que el calor de la península, húmedo y sofocante, era más tolerable que el que siento ahora, quizás por el simple hecho de saberse fuera de la ciudad, más bien lejos, a cientos de kilómetros del estrés, la contaminación, la inseguridad y el ruido que nos agobian todos los días.

Por si fuera poco, los lugares, cultura, naturaleza y cocina de la región, son un aliciente para desear estar allá en este momento.

Sin duda, uno de los lugares más enigmáticos e increíbles, del que se escucha y se lee mucho, pero nada se compara a estar ahí es Chichén Itzá, en donde la pirámide de Kukulkán, reconocida como una de las nuevas 7 maravillas del mundo, asombra desde donde se le vea, lo mismo que la belleza y perfección de "El Caracol", el antiguo observatorio maya.

En Uxmal, otra ciudad maya, centro de la llamada ruta Puuc, otras dos pirámides asombran a los visitantes: la pirámide del Adivino, la mayor estructura del lugar, en donde resaltan los mascarones del dios Chaac; y la pirámide mayor, en la que todavía se permite el acceso pero a la que, tristemente, ya no pude subir.

Izamal es una de las ciudades más bellas que he conocido, un verdadero pueblo mágico. El color amarillo de sus fachadas, sus estructuras coloniales y la magnitud de su ex convento, hechizan la vista y dejan una huella profunda en la memoria. Mi propósito: pasar una noche en el pueblo, la próxima vez que vaya.

Pero lo que más me maravilló de la península no pudo haber sido hecho por el hombre: los cenotes, una maravilla natural que jamás podrá ser descrita con exactitud, ni mostrada con todo su esplendor en ninguna fotografía o video. Se necesita estar en un cenote para disfrutar de su completa belleza y comprender el por qué fueron considerados sagrados por los antiguos mayas.

¡Ah qué bella es la península! De verdad que espero con ansias el momento en el que pueda regresar y recorrer de nuevo los lugares que me maravillaron, conocer nuevos sitios y probar las delicias que allá se preparan, como el poc-chuc, los panuchos, el relleno negro, la sopa de lima y la cochinita pibil, acompañada de una rica cebolla morada.

En las imágenes, la pirámide de Kukulkán, templo principal de Chichén Itzá, y el ex convento de Izamal. (Fotos: Juan Luis Ramos).

sábado, 15 de mayo de 2010

'Freedom'

La libertad de las aves es envidiable: van de un lado a otro, viajando ligeras, sin necesidad de pasaporte o visado especial, y sin el temor a los retenes, patrullas fronterizas o estúpidas leyes migratorias.




Foto: Juan Luis Ramos (Los Cabos, BCS).

jueves, 13 de mayo de 2010

Eva y Adán

A Vero.


En el principio, Dios creó al mundo, y vio que era bueno. Después creó al hombre, para que dominara sobre todas las especies de la tierra. El hombre, a su vez, creó la civilización y reformó la obra de Dios.

Con el tiempo, el mundo se transformó; siguió habiendo bondad, pero era cada vez más escasa, igual que las especies sobre las que el hombre había ejercido su dominio, desapareciéndolas.

En medio del caos, Dios hizo a una niña, diferente a las personas que habitaban la tierra; disconforme, insumisa, afectuosa y soñadora.

Esta niña se sintió siempre feliz con su vida, sin embargo era demasiado idealista como para no sentirse un tanto sola con el tiempo, pues los días venideros se tornaban realistas y alejados de lo maravilloso y fantástico de la imaginación, cada vez más exigua y limitada en las personas.

Fue así, luego de que la niña cumpliese seis añitos, que Dios pensó en crearle un compañero, con el que se encontraría una vez que sus almas empataran. Tomó pues algo de tierra, hizo una masita con ella y formo a este ser: imperfecto como todos, si acaso más, pero con la capacidad suficiente de hacer feliz a aquella jovencita quijotesca.

Sucedió entonces que, pasados varios años, inmersas en la cotidianidad, estas dos almas se encontrarían para bautizar el nuevo mundo, el que ambos habían soñado y alimentado por separado; aquel que curiosa o predestinadamente tenían que compartir: su propio mundo, el de esta Eva y su Adán.

lunes, 10 de mayo de 2010

Melancolía de mayo


Quisiera que estuvieras aquí, y colmarte de regalos,
los que siempre quise darte.
Quisiera que estuvieras aquí, para llenarte de besos y abrazos,
y continuar acumulando los recuerdos que hoy bastan
pero también me faltan.
Quisiera que estuvieras conmigo, y contarte cómo me fue en el día
y cómo me va la vida.
Quisiera que siguieras con nosotros, para viajar juntos y recorrer los caminos que nos faltaron.
Quisiera que estuvieras aquí para cantarte las notas que hoy me sobran en la garganta.
Quisiera que estuvieras
y que este día no fuera tan azul.

Ojalá estuvieras en la casa, para que fuera más fácil resanar las pequeñas grietas internas.
Y es que si no te hubieras ido todo me sería más fácil.
Y quizás por eso te fuiste, para que yo creciera.
Y no niego que hay cosas maravillosas que llegaron, pero
de verdad,
Cómo quisiera que todavía estuvieras aquí.

jueves, 29 de abril de 2010

Salvador Elizondo y yo


"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

Luego paso la goma sobre lo que escribí, y lo que recuerdo haber escrito lo escribo de nuevo y lo vuelvo a borrar. Y decido dejar de escribir, al menos por hoy...

En la imagen, Salvador Elizondo en 1970. (Foto: Letras Libres)

lunes, 12 de abril de 2010

Viaje al pasado

Hoy visité el Templo Mayor. Sí, hoy lunes, día en que permanece cerrado al público. La razón: una entrevista con el director del museo, el doctor Carlos González. Sin embargo no es de esto de lo que quiero hablar.

Hacía mucho que no entraba a ese recinto, creo que la última vez fue cuando estaba en la prepa, si no es que antes, pero hoy la visita fue más enriquecedora e impresionante que todas las anteriores.

De la historia del México prehispánico es bien sabido que el Templo Mayor era el edificio más importante de la cultura mexica, y que significaba el centro de la vida religiosa, política y económica de su vasto imperio, pero hasta ahora no había vivido una experiencia que me acercara tanto a imaginar cómo era la vida dentro de ese lugar.

Llegué al rededor del medio día. Una vez que pasé los 'retenes' de seguridad me hallé solo en el museo, rumbo a las oficinas del quinto piso; solo en la penumbra de las enormes salas, apenas alumbradas por unas cuantas lámparas encendidas.

En los muros sobresalen algunas de las figuras que representaban los sacrificios que los mexicas realizaban para sus deidades: un tzompantli, altar realizado con decenas de cráneos acomodados en hileras; mascaras en forma de calaveras y, la más impresionante, la figura desollada de Mictlantecuhtli, el dios del inframundo, una efigie impresionante por lo que representa, por su tamaño y, sin duda, por su apariencia.

Solo, en esos corredores apenas alumbrados como si fuera con antorchas, de igual forma que hace 500 años seguramente eran los pasillos de ese sitio sagrado al que sólo los sacerdotes podían entrar, iba caminando hacia las oficinas del director del museo, y así de repente, me hallé andando sobre los pisos del antiguo Templo Mayor, escuchando a un prisionero gritar afuera mientras le enterraban una piedra en el pecho para sacarle el corazón y ofrecerlo a Huitzilopochtli, el dios del sol.

Impactado y temeroso, por un momento estuve en el centro del universo mexica; un instante me valió para regresar cinco siglos atrás y reconocer un olor jamás experimentado, el de la mezcla de piedra, fuego y sangre; y experimentar una sensación nunca antes vivida, de temor y grandeza. Un viaje al pasado que nunca olvidaré.

lunes, 22 de marzo de 2010

El asalto

El joven salió del bar un tanto mareado por los wiskies que había tomado. Miró su reloj y se dio cuenta de que era más tarde de lo que pensaba, así que metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta para entibiarlas y se introdujo en las oscuras y desoladas calles que tenía enfrente, pues no podría regresar a casa de otra forma que no fuera caminado, ya que a esa hora no encontraría ningún autobús y los pocos pesos que le sobraban no le alcanzarían ni para pagar el banderazo de un taxi, sin embargo tomó la situación de la mejor manera: la caminata y el aire fresco de la madrugada ayudarían a que se le bajara la borrachera.

Mientras andaba pensó que su casa no estaba muy retirada; quizás le llevaría unos 40 minutos llegar tranquilamente, o media hora si apretaba el paso, aunque no había necesidad de esforzarse de más, pues se le ocurrió que podría acortar el tiempo si, en lugar de caminar por las avenidas, tomaba un atajo a través de las calles de un viejo barrio que se encontraba entre su colonia y el lugar donde estaba.

Minutos después de emprendido el viaje, el muchacho comenzó a pensar en la razón de su aventura en una cantina retirada de los rumbos que acostumbraba. "¿Vale la pena seguir sufriendo por ella?", se preguntó en voz alta.

Luego de un rato, calculó que estaría a la mitad del camino, así que decidió encender uno de los dos cigarrillos que llevaba -el otro lo reservaría para más tarde, cuando estuviera ya por acostarse-. Sintió cómo los pulmones se le inflaron con el humo del tabaco y, tras retenerlo unos segundos, lo expulsó por la nariz, como acostumbraba hacerlo en el primer golpe.

Cuando probó el sabor del filtro en su lengua tiró la colilla, entonces miró por un instante el ligero tono amarillo de la nicotina en sus dedos, signo de un vicio cada vez más arraigado. Una fría y ligera brisa le acarició el rostro y pensó que que estaba mejor que hacía un rato.

Instantes después notó la presencia de una persona a pocos pasos detrás de él. Discretamente miró sobre su hombro izquierdo y descubrió que alguien lo seguía. Por lo que alcanzó a distinguir se trataba de un hombre, aunque no pudo advertir su aspecto ni calcular su edad, pero le pareció más alto y robusto que él.

Trató de conservar la calma, se irguió y comenzó a dar pasos más firmes y acelerados. Media cuadra después metió las manos en los bolsillos de su pantalón; en el derecho pudo sentir el encendedor y la cajetilla de cigarros ya casi vacía, y en el izquierdo el metal de sus llaves y la navaja suiza que ella le había regalado en su cumpleaños. Sin darse cuenta, la tenía en mente de nuevo.

¿Por qué había terminado todo así, tan de repente y de mala forma? ¿Valía la pena seguir emborrachándose todas las noches tratando de olvidarla, con poco éxito?

Cayó en cuenta de que aún lo seguían y, de forma mecánica, volteó hacia atrás y vio al hombre un poco más lejos, pero todavía tras sus pasos. Esta vez pudo notarle mejor: un aspecto desaliñado, con la barba crecida de unos tres o cuatro días, los ojos hundidos y el pelo cano.

El joven decidió apretar el paso, sin correr, pues no se encontraba en las mejores condiciones para emprender una carrera; todavía sentía los estragos del wiskey. En la primera esquina dobló a la izquierda con la esperanza de que aquel hombre desistiera del asecho y continuara su camino de largo, pero no había llegado a mitad de la calle cuando vio a su acompañante andar en la misma dirección que él.

Exaltado, intentó correr, mas las piernas no le respondieron. Se cruzó a la acera de enfrente, acto que su seguidor imitó. Desesperado, el joven dio vuelta a la derecha en la siguiente esquina. Unos pasos más adelante encontró un portón obscuro donde, sin pensarlo, se ocultó.

Tras unos largos segundos, vio a aquel hombre pasar junto a él un tanto desconcertado. Aguantó la respiración y cerró los ojos en automático, como si con ello pudiera desaparecer o brincar el angustioso momento que estaba viviendo.

Cuando abrió los ojos, vio unos metros más adelante al hombre caminando algo perturbado. Iba a esperar unos minutos más hasta asegurarse que su seguidor se hubiera marchado, sin embargo, por algún extraño motivo, comenzó a seguirlo.

Momentos después, el joven metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón, sacó la navaja suiza que le regalaron en su cumpleaños, descubrió la hoja filosa guardada entre las cachas y la empuñó. Daría alcance a aquel hombre para asaltarlo, clavándole la navaja en el cuello, antes de que llegara a la siguiente esquina.

martes, 9 de marzo de 2010

Algo sobre periodismo y existencia

"Los diarios, por medio de las noticias, producen un ruido fijo. Un ruido que se mantiene mientras alguien los lee. Pero en la noticia ocurre lo siguiente: los sufrimientos individuales y las alegrías íntimas desaparecen, todo se vuelve propiedad colectiva: el diario como teoría general de la inexistencia del individuo. Solo existe la persona-hecho si existe la persona-espectador. La privacidad absoluta, verdadera, la individualidad pura, no es un hecho, sino un no-hecho, es decir, literalmente: la individualidad (la de cero espectadores) no ocurre. Casi se podría afirmar que la existencia individual y privada es una invención individual, precisamente. ¿Como demostrar la existencia de momentos puramente íntimos, no presenciados por nadie a no ser la conciencia de uno mismo? No podemos demostrar, solo creer. Creo que el otro existe en cuanto individuo, lo creo: creencia. No lo sé, no es un conocimiento. Pero respecto a mí mismo, sí lo sé: conozco mis momentos individuales y solo puedo esperar a que los demás crean en la existencia de los mismos. Toda la parte de nuestra vida que es presenciada por otros constituye el modelo del diario: Mirad lo que ocurre o ha ocurrido. Y solo eso existe en la historia. Y lo que queda fuera son los individuos."

Tomado de Un hombre: Klaus Klump, de Gonçalo M. Tavares.

domingo, 21 de febrero de 2010

Un país jodido

El martes pasado los mexicanos pusieron el grito en el cielo luego de que Javier Aguirre, director técnico de la selección nacional de fútbol, declaró a un medio español que México es un país "jodido", al referirse a la inseguridad que aqueja a nuestra sociedad.

Pero la inseguridad no es el único tema que padece la sociedad mexicana. La corrupción, la pobreza, el desempleo, la obesidad y las cada vez más usuales inundaciones, son algunos problemas que hoy en día enfrentamos y sufrimos.

Las fuertes lluvias que cayeron durante el 3 y 4 de febrero pasados mostraron un poco más de la terrible crisis por la que pasa este país. Michoacán, el Estado de México y el Distrito Federal fueron algunas de las entidades más afectadas.

La colonia El Arenal, en la delegación Venustiano Carranza, fue de las más dañadas en la capital de la República. El gobierno de la ciudad, la comisión de aguas y el gobierno del Estado de México, que hace frontera con esta colonia, sabían de la amenaza de inundación y poco hicieron por evitar la tragedia.

Cuatro días estuvo la colonia bajo el agua, cuatro días en los que las autoridades visitaron el lugar cargados de promesas que parecían más de campaña que de consuelo o ayuda. Por si fuera poco, y como dicen por ahí, la tragedia sacó lo peor de la gente, aunque en algunos casos, lamentablemente los menos, también lo mejor.

Cuando las primeras brigadas de ayuda llegaron a la zona, comenzaron a repartir despensas al fondo de la cuarta sección de El Arenal, cerca de las bardas que dividen al aeropuerto de la colonia. En la unidad habitacional conocida como "Casitas", donde hace años el gobierno ubicó a varios damnificados del terremoto de 1985, la "comunidad" atracó camiones y robó varias despensas, en un arranque de desesperación similar al que los haitianos tuvieron después del desastre que vivieron el mes pasado.

Hubieron otros arrebatos de avaricia por parte de los vecinos, como el seguir constantemente a camiones en busca que víveres y productos, más allá de los que correspondían por casa, además de la "visita" de personas de otras colonias cercanas -o de otras áreas de El Arenal que no fueron afectadas- que aprovecharon la ocasión buscando algún "beneficio".

Y del gobierno, qué decir. El afamado seguro contra desastres que contrató la administración de Marcelo Ebrard el año pasado, y del que tanto presume, sirvió para dos cosas: beneficiar a algunos embusteros y perjudicar a los que buscaron honestidad y justicia.

Los cheques se dividieron en tres rangos: bajo, con la cantidad de 6 mil 500 pesos; medio, de 7 mil 500 ó 9 mil; y alto o de pérdida total, con 12 mil 500. Sin ser aclarado el criterio con el que manejaron estas cantidades.

Hubo quienes mintieron sobre las pérdidas que tuvieron debido a la inundación y sobre las familias que habitaban algún domicilio; también hubo quienes corrieron con la fortuna de tener en sus calles la visita del delgado, el jefe de gobierno, la instalación de algún puesto de mando o tener algún amigo trabajando en la delegación Venustiano Carranza; ellos recibieron un cheque (o más) por pérdida total, aun cuando muchos tienen casas de dos plantas y pudieron salvar varias cosas.

Por otro lado, hubo quienes, con casas de una planta, perdieron todo, o casi todo, y por querer ser honestos y declarar lo que en verdad habían perdido, recibieron las cantidades más bajas, pues según el argumento de la aseguradora se trataba sólo de un "apoyo, y no cubrirá la pérdida total". Entonces, ¿de qué sirve pagar un seguro millonario?

Marcelo Ebrard se vistió de héroe, y culpa por la adversidad a la comisión de aguas, misma que a su vez culpa al gobierno del Estado de México que, seguro, encontrará a otro culpable.

¡Ah!, pero también hubo apoyo por parte de la delegación Venustiano Carranza, el Instituto de Vivienda del Distrito Federal (Invi) y el gobierno federal a través del Fondo de Desastres Naturales (Fonden): un cheque de mil 500 pesos por parte de la delegación, otro de igual cantidad por el Invi y unas colchonetas de hule espuma y una despensa compuesta por sopas Maruchan y galletas de animalitos, que fue la invaluable ayuda del Fonden.

Los daños visibles fueron reparados -como siempre, sólo los visibles-, pero en muchas casas hay gente que tendrá que hacer una inversión no contemplada para arreglar un problema del que no fueron culpables.

Asimismo, en Chalco, en el Estado de México, no sólo no habrá apoyo justo para las familias que perdieron sus bienes, sino que, con la mano en la cintura, el gobierno ha decido expropiar terrenos y han empezado a tirar casas bajo el pretexto de tratarse de una zona federal, olvidando que fue un presidente, Carlos Salinas, quien impulsó la urbanización de esa área.

Las indemnizaciones en Valle Dorado, tras la inundación de esta colonia el año pasado también a consecuencia de la lluvia, fueron superiores a las que se dieron en Tabasco luego de la crecida en 2007, y, por su puesto, a las que se dieron en El Arenal el fin de semana.

Como siempre: los pobres son los más afectados y el gobierno cree que con un "apoyo" solucionará todo, al fin y al cabo la gente en este país acostumbra olvidar muy rápido. Y es que México es un país jodido, muy jodido.

domingo, 31 de enero de 2010

Variación de Kafka II

Metamorfosis

La cucaracha vivió casi toda su vida escondida en alcantarillas y basureros, primero, y después en los rincones obscuros de una cocina a la que pudo colarse cierta noche.

Sus días transcurrían buscando cualquier migaja con la cual pudiera alimentarse, y huyendo de los zapatazos y periodicazos con los que trataban de matarla los dueños de la casa que habitaba desde hacía un tiempo.

Hasta el momento esta historia no tiene chiste alguno, y no habría valido la pena escribirla de no ser por un acontecimiento sobrenatural, con un antecedente conocido por muchos. Bien dice aquella ley que a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en sentido contrario.

Una noche, cuando en aquella casa parecían dormir todos, la cucaracha salió de su escondite en busca de alimento. De repente, comenzó a sentir que su cuerpo crecía, y el caparazón que la cubría empezaba a quebrarse.

Con el dolor y el entendimiento que un insecto pueda tener, la cucaracha notó cómo unas de sus extremidades se le desprendían, mientras que otras adquirían una forma extraña, más torneadas, suaves y grandes. De las puntas de sus patas comenzaron a crecer carnosos y grotescos dedos con uñas. De su caparazón surgió un torso con estructura ósea interna. Las antenas se le cayeron, la cabeza le creció y de ella brotaron nariz, orejas, labios y dientes; los ojos se le hundieron y se cubrieron con párpados y pestañas. También le salió pelo en distintas partes, sin embargo, por primera vez y sin saberlo, la cucaracha sintió dolor y frío.

Luego de su transformación, todo en la cocina le pareció pequeño. Instintivamente intentó trepar por las paredes y buscar un escondite, pero no pudo asirse a los mosaicos por donde hacía unos minutos caminaba.

Tras varias horas arrinconada junto al refrigerador, el que había sido uno de los insectos más repudiados por el ser humano ahora parecía pertenecer a la creación más perfecta de la naturaleza.

Esa antigua plaga comenzó a sentir miedo, pero no el instintivo, acostumbrado por la amenaza de ser aplastada con algún objeto, sino un temor producto del raciocinio recién desarrollado, adquirido de la nada.

Un miedo a ser descubierta dado su nuevo tamaño; el terror de pensar en una nueva vida en la que tendría que lidiar con otra especie distinta a la suya, una que no sólo aplasta a sus hermanas cucarachas, sino que acostumbran pasar por encima de ellos mismos y pisotear a sus semejantes.

Entonces, la cucaracha comenzó a llorar, pues ahora era más vulnerable, una presa más fácil de encontrar por quienes siempre han buscado matarla, sus ahora hermanos, los seres humanos.

viernes, 29 de enero de 2010

Riñas futboleras

La música sonaba alto; éxitos del momento intercalados con ritmos de los 90 y algunos covers que eran coreados por la multitud. La gente bebía y bailaba como ya era costumbre en aquel lugar; algunos charlaban en medio de altos decibeles, y otros discutían con los ánimos elevados debido a los múltiples tragos consumidos.

En un par de mesas cercanas a la pista de baile, dos hombres, uno mediano y el otro robusto, debatían sobre fútbol. La molestia de ambos por diferir en afinidades de equipos y jugadores, era cada vez más notoria.

Luego de un rato de insultar a sus respectivos clubes y lanzarse indirectas y ofensas, el de complexión media se levantó y fue al baño, sin darse cuenta que el otro lo siguió casi de inmediato.

Dentro del sanitario los agravios continuaron, al grado de llegar al forcejeo físico. Entonces, el más fornido saco un arma con la que encañonó al otro.

"Tírale güey, si es que tienes güevos", le dijo con tono desafiante a su agresor, sin pensar siquiera en lo que estaba pasando, dejándose llevar enteramente por el momento y la adrenalina.

Entonces sucedió: ¡pum! La detonación, absorbida por el alto volumen de la música, apenas fue escuchada por unos cuantos en el lugar. El agresor guardó su alma y salió, del baño primero y después del bar.

Luego de unos instantes la seguridad de la locación se había percatado de que había un hombre herido en el baño. Minutos después, una ambulancia y dos patrullas llegaron al lugar de los hechos. El herido fue llevado al hospital donde horas más tarde perdería la vida.

Del agresor no se supo nada. Disfruta de la impunidad que cada día es más cotidiana en este país, pues ni a las autoridades ni a la sociedad civil les importa lo que pasa en ese bar escondido en uno de los rincones más peligrosos a las afueras de la ciudad.

Tres semanas después, una historia similar sucedió al sur de la metrópoli, en un conocido bar cuyos parroquianos son por lo regular personalidades de la política, los deportes y los espectáculos.

Uno de los más notables delanteros del fútbol nacional fue agredido la madrugada de un lunes, recibiendo un disparo en la cabeza que lo puso entre la vida y la muerte. Sin embargo, esta vez las autoridades, la sociedad y los medios de comunicación atendieron de inmediato el asunto, se indignaron e hicieron todo lo posible por dar con los criminales que tuvieron la osadía de atentar contra una vida, la de un famoso.

Cientos de aficionados rezaron y lloraron a las afueras del hospital donde permaneció internado su ídolo, y mucha gente en el país, y el mundo, comentaban irritados la situación, mientras que en un modesto panteón, a las orillas de la ciudad, una señora y sus dos pequeños hijos visitaban la desolada tumba de un hombre que murió luego de ser agredido en un bar, tras una riña futbolera.

lunes, 11 de enero de 2010

Crónicas chiapanecas VI: San Juan Chamula


Una vez de regreso en San Cristóbal, ya con algo de sol, decidimos ir a San Juan Chamula, visita pospuesta debido a la lluvia de días anteriores.

Lo más atractivo de este poblado localizado a unos 10 kilómetros de San Cristóbal de las Casas es sin duda la iglesia de San Juan Bautista, un templo enorme, de estilo colonial y una sencillez aparente que asombra.

Ya nos habían advertido que en San Juan Chamula no se podían tomar fotografías, pues la gente de ahí es muy tradicionalista y exige respeto a sus costumbres: sacar una cámara dentro de la iglesia o en el atrio con el fin de capturar la imagen de algún rito puede ser motivo de una multa o de arresto.

En la entrada del atrio, media docena de niñas se nos acercaron para vendernos sus pulseras y collares, y un par de niños más tímidos a ofrecernos sus servicios como guías: prescindimos de ellos.

Decir que la experiencia de visitar el templo de San Juan Bautista es algo único, sería quedarse muy corto. Las palabras son insuficientes para describir la sensación que se experimenta al cruzar el enorme pórtico principal. La penumbra colma la vista y sólo después de unos minutos, necesarios para que los ojos se acostumbren a la carencia de luz, es que se puede apreciar el esplendor de un templo sin sillas, bancas, confesionarios o sacerdotes; un espacio en el que la gente tiene contacto directo con sus santos, sin la necesidad de intermediarios.

En Internet se pueden encontrar diversas imágenes del interior de la iglesia de San Juan Chamula, sin embargo ninguna de ellas podrá jamás acercarse a expresar lo que se ve al cruzar la puerta principal y entrar a ese espacio lleno de magia y misticismo.

Para entrar a la iglesia se debe pagar una cuota antes en el ayuntamiento. En el interior llaman la atención los diversos santos colocados en nichos a lo largo de los muros de la iglesia, la mayoría de ellos con espejos colgando de sus cuellos. También se ven grupos de personas en oración o en ritos con velas blancas, verdes, negras o rojas.

Ya cuando salíamos de Chiapas, un par de días después, nos enteramos que esos espejos representan los ojos por los que los santos miran a sus fieles, y que dentro del templo no todos los ritos son del todo cristianos ni totalmente para bien: limpias, amarres, magia negra y embrujos son algunos rituales que acostumbra la grey de Chamula, quienes mezclan creencias prehispánicas con las heredadas por la evangelización de la Colonia.

En San Juan Chamula la tradición de las "mayordomías" sigue muy viva. A través de sacrificios, ofrendas y trabajo con la comunidad, una persona puede convertirse en "mayordomo", una responsabilidad enorme y, a la vez, un gran honor.

Si se dice que Chiapas es un lugar mágico, y el misticismo que se experimenta en San Juan Chamula junto con la belleza natural del estado explican el porqué de esta fama.

En la imagen, la fachada del templo de San Juan Bautista en San Juan Chamula. (Foto: Internet)

domingo, 10 de enero de 2010

Crónicas chiapanecas V: La selva Lacandona

Después de visitar Palenque y pasar la noche ahí, en unas agradables cabañas al estilo comuna hippie, a las afueras de la zona arqueológica, nos tocaba visitar otras dos importantes zonas mayas: Yaxchilán y Bonampak.

Una vez más tuvimos que levantarnos antes del amanecer. A las 6:00 am la camioneta pasó por nosotros y nos llevó a desayunar para luego dirigirnos a Frontera, un poblado a orillas del río Usumacinta. Ahí abordamos una lancha que nos introdujo a la jungla a través del río custodiado a nuestra izquierda por territorio nacional y a la derecha por Guatemala.

Después de 45 minutos llegamos a Yaxchilán, que en maya quiere decir "piedras verdes"; estando ahí el mote cobra sentido.

Inmersa en la jungla, esta ciudad de difícil acceso tiene diversos edificios distribuidos en distintos puntos. A pesar de lo nublado del día y el aire frío, la humedad del lugar y el ejercicio que significa subir a sus pirámides hacen entrar en calor a cualquiera.

Una de las emociones más impresionantes que se puede experimentar en Yaxchilán, y en toda la selva chiapaneca, es el escuchar el rugido del mono aullador, el cual nos explicaron se puede oír a 5 ó 6 kilómetros a de donde se encuentra el primate.

Yaxchilán es sin duda uno de los lugares más fascinantes en Chiapas. La flora y fauna que habitan ahí son impresionantes, de hecho, un guardia nos comentó que en meses como febrero y marzo, con algo de suerte, se puede ver a algún jaguar rondando la zona.

Tras regresar a Frontera, emprendimos el viaje a Bonampak, otra ciudad que recuerdo de los libros escolares.

Aunque debo confesar que me imaginaba a esta zona arqueológica más grande, Bonampak es un sitio cuya belleza asombra y llena los ojos.

En la entrada hay distintos puestos de artesanías donde los lugareños venden su trabajo, mientras varios niños lacandones juegan alrededor de ellos. Más adentro lo primero que salta a la vista es el Templo de los Murales, una pirámide cuyo atractivo principal son los murales que se conservan en el interior de sus cuartos y que guardan todavía su color original.

La visita a Bonampak fue breve pero muy rica. Las imágenes de los murales que denotan algo de la vida de los mayas son espectaculares; los tonos vivos transmiten varias emociones que cada quien interpreta a su parecer, sin necesidad de escuchar la explicación de los guías.

No cabe duda que las construcciones mayas son dignas de una contemplación y estudios minuciosos. La maravilla que significan debido a las historias y mitos que las rodean, y la belleza que las caracteriza son sus principales atractivos. Sin embargo, suele suceder en ocasiones que sitios como estos son opacados un tanto por su entorno, y es lo que pasa en este lugar.

La selva Lacandona es un territorio asombroso y mágico. Aunque ya antes había estado en un ecosistema como este, fue la primera vez que me sentí en medio de una de las maravillas naturales más impresionantes a mi gusto (después del mar y el desierto, y sin conocer la tundra o los glaciales, todavía).

Después de conocer estos lugares regresamos a Palenque, a la ciudad moderna que surgió a raíz de la enorme cantidad de turistas provenientes de todo el mundo que llegan a visitar la antigua ciudad maya. De ahí regresamos a San Cristóbal, para disfrutar de la última parte del viaje.

En las imágenes, las ruinas de Yaxchilán en medio de la selva Lacandona y el Templo de los Murales en Bonampak. (Fotos: Juan Luis Ramos)

jueves, 7 de enero de 2010

Crónicas chiapanecas IV: Agua Azul y Palenque


Ese lunes nos levantamos poco antes de las 6:00 am, como si no hubiéramos estado de vacaciones. La camioneta pasó alrededor de las 6:15 am por nosotros para emprender el camino.

Aunque no es la forma que prefiero para conocer lugares, debo admitir que los tours me han sacado de varios apuros.

En la carretera no pude evitar quedarme dormido, hasta la primera parada: el desayuno, y de ahí a las cascadas de Agua Azul, un maravilloso lugar que, por el clima y para mala fortuna nuestra, no pudimos apreciar en todo su esplendor, pues el agua tenía un tono marrón, producto de la lluvia de dos días, en lugar del azulado que las caracteriza y da nombre, sin embargo la visita valió la pena, aunque queda la intención de regresar.

La segunda escala turística fue en la cascada de Misol-Ha, una impresionante caída de agua de 30 metros por la que se puede pasar para llegar a un pequeño ojo de agua donde se puede nadar. Aquí el clima también fue desfavorable. Una pena.

Finalmente llegamos al punto esperado: la zona arqueológica de Palenque, un sitio que recuerdo por mis libros de texto de la
primaria.

Al entrar lo primero que llama la atención son el famoso Palacio y la enorme pirámide de Pakal, el más famoso de los gobernantes de esa ciudad maya debido a las historias que giran en torno de él, como la de "el astronauta de Palenque", una teoría que asegura que el grabado que hay en la tumba de este rey es una escena del mismo viajando por el espacio en una nave regalada por extraterrestres.

Emmanuel, un niño de unos 13 ó 14 años, fue nuestro guía en el lugar. Los argumentos con los que nos convenció para tomar sus servicios fueron el que nos dijera que de no ir con un guía sólo veríamos piedras, y que cuando le pregunte sí de verdad conocía la historia respondió muy sincero: "A hue... fuerzas".

En el recorrido pudimos conocer estructuras como los templos de la Cruz, del Sol y de la Cruz Foliada; el Acueducto, el Juego de Pelota, la tumba de la Reina Roja y diversos relieves con la historia de la ciudad, sus gobernantes y pasajes del Popol Vuh, pero sin duda lo más impresionante son El Palacio y la pirámide de Pakal, en donde se encuentra la tumba de este rey, la cual por desgracia y el descuido de la gente, ya no es posible visitar.

La historia que envuelve al sitio de Palenque, en especial la de su rey Pakal, le dan a este lugar un toque extra de magia, más allá de la maravilla que significan sus edificios.

Palenque es una visita obligada en Chiapas, y si se llega a ir para allá no está de más visitar Agua Azul y Misol-Ha, esperando que les toque un día soleado.

En las imágenes, arriba las cascadas de Agua Azul y abajo la ciudad de Palenque con la pirámide de Pakal a la izquierda y El Palacio a la derecha. (Fotos: Juan Luis Ramos)

martes, 5 de enero de 2010

Un cuento como regalo de Reyes

Las tres reinas magas
de Rubén Darío

- Señor -dije al fraile de las barbas blancas-; vos que sabéis tantas cosas, decidme si en algún viejo libro, o en algún empolvado centón, habéis algo que se refiera a las mujeres de los tres Reyes Magos que fueron a adorar a Nuestro Señor Jesucristo cuando estaba, sonrosado y risueño niño, en el pesebre de Belén. Porque, de seguro, Gaspar, Melchor y Baltasar deben de haber tenido sendas esposas.

- En verdad -me contestó el religioso- no he visto nunca, en venerable biblioteca o vetusto archivo, nada que se refiera al objeto de tu pregunta. Es casi seguro que hayan tenido, no solamente una esposa, sino muchas esposas, pues eran paganos, o idólatras, o adoradores de dioses que, como representaciones del Maligno, aprobaban la poligamia. Mas nada sé sobre el particular, y no he leído jamás texto que con tal asunto tenga relación.

Consulté a otros sabios y estudiosos y me convencí de que nada podría averiguar al respecto. Mas vi que iba por el camino de la Vida -muy al principio- un joven de larga cabellera y ojos en que se reflejaba el misterio del cielo y de la tierra -un poeta-, y recordé que los poetas suelen saber más cosas que los sabios.

Abandona -me dijo el creador de armoniosos sueños- el cuidado de esas vagas erudiciones y escucha el cuento de otras tres Reinas Magas, que han de estar, por cierto, más cerca de tu corazón.

Mi alma se llama Crista. En un pesebre nació para ser coronada reina de martirio. Ella es hija de una virgen y un obrero, y la noche de su nacimiento danzaron y cantaron alrededor del pesebre cien pastores y pastoras. Una estrella apareció sobre el techo del pesebre de mi alma; y a la luz de esa estrella, llegaron a visitar a la recién nacida tres Reinas Magas.

Venían de países muy lejanos. La primera sobre una asna blanca, toda caparazonada de plata y perlas. La segunda sobre un unicornio. La tercera sobre un pavo real.

La recién nacida recibió sus homenajes. La primera le ofreció incienso. La segunda oro, la tercera mirra.

Hablaron las tres:

- Yo soy la reina de Jerusalén.

- Yo soy la reina de Ecbatana.

- Yo soy la reina de Amatune.

- Reina de martirio, pues has de padecer mañana la cruel crucifixión, he aquí el incienso.

- Reina de martirio, pues has de padecer mañana la cruel coronación, he aquí el oro.

- Reina de martirio, pues has de padecer mañana la cruel transfixión, he aquí la mirra.

Y el alma infanta contestó con una voz suave:

- ¡Yo te saludo, reina de la Pureza!

- ¡Yo te saludo, reina de la Gloria!

- ¡Yo te saludo, reina del Amor!

Vosotras tres me traéis los más inapreciables regalos, de manera que entreveo, para mientras llega la hora de la fatalidad, tres paraísos que escoger.

En el primero, forma la nube aromada y sacra del incienso un inmenso dombo, a través del cual se vislumbra el amor de los astros y las sonrisas arcangélicas. Allí imperan las Virtudes, ceñidas las blancas frentes de una luz paradisíaca. Los Tronos y las Dominaciones hacen percibir el brillo de sus incomparables magnificencias. Un místico son de salterios dice la paz poderosa del Padre, la sacrosanta magia del Hijo y el misterio sublime del Espíritu. Los lirios de divina nieve son las flores que en hechiceras vías lácteas cultivan y recogen las Vírgenes y los Bienaventurados.

En el segundo, el oro forma un maravilloso palacio constelado de diamantes de triunfo; arcadas vastas se desenvuelven en una polvadera de sol. Allí pasan los grandes, los fuertes, ceñidas las cabezas de laureles de oro.

Allí crecen los antiguos laureles, y de las gigantescas columnas cuelgan coronas de roble y de laurel. Los más que hombres se complacen en visiones augustas sobre horizontes inmensos. Revuelan familiares las águilas. Y sobre los pavimentos de incomparables pórfidos y ágatas, se desperezan en una imperial calma de leones. Suena de tanto en tanto un trueno de trompetas, y el viento sonoro hace ondear ilustres oriflamas y banderas de púrpura.

En el tercero, la mirra perfuma un suave ambiente en la más preciosa de las islas floridas. Es bajo un cielo azul y luminoso que baña de oro dulce glorietas encantadas y mágicos kioscos. Las rosas imperan en los jardines custodiadas de pabones, y los cisnes en los estanques especulares y en las fuentes. Si oís una música lejana, es de flautas, liras y citarras, en lo secreto de los boscajes, de donde brotan también ruidos de besos, y aves y risas.

Es el imperio de la mujer, es el país en donde la prodigiosa carne femenina, al montarse en su pagana y natural desnudez, tiñe de rosa los enternecedores crepúsculos. Pasan bajo el palio celeste bandadas de tórtolas, y tras las arboledas vence cruzar formas blancas perseguidas por seres velludos de pies hendidos.

- Pues has de sufrir, pues estás condenada inexorablemente, reina de martirio -dijo la reina de Jerusalén-, ¿no es cierto que en el momento de tu ascensión preferirás el celeste paraíso del incienso?

Y el alma:

- ¡Ay!, en verdad que la parte más pura de mi ser tiende a tan mística mansión. Existe un diamante que se llama Fe, una perla que se llama Esperanza y un encendido rubí de amor que se llama Caridad. Tiemblo delante de la omnipotencia del Padre, me atrae la excelsitud del hijo y me enciende la llama del Espíritu; mas...

- Ya sé -interrumpió la reina de Ecbatana-; por cierto que en el instante de tu ascensión preferirás el paraíso del oro...

Y el alma:

- ¡Ay!, en verdad que me domina el deseo de la riqueza, del dominante porvenir, de la fuerza. Nada hay más bello que imperar, y los mantos purpúreos, o de armiño, y los cetros y la supremacía, son absolutamente atrayentes. Os juro que el grande Alejandro me hace pensar en Júpiter y que el son soberano de las tropas pone un heroico temblor en una parte de mi ser, pero...

La reina de Jerusalén suspiraba. La reina de Ecbatana sonreía. La reina de Amatune dijo:

- Crueles penas has de padecer; tu crucifixión será dolorosa y terrible; sufrirás las espinas, la hiel y el vinagre...

Y el alma infanta interrumpió a la reina:

- ¡Yo seré contigo, Señora, en el paraíso de la mirra!..

sábado, 2 de enero de 2010

2010

Cumplimos la primer década del nuevo siglo y el panorama no es tan bueno como llegamos a vislumbrarlo.

Aunque la tecnología ha cumplido su papel preponderante en esta época, no nos ha ayudado, ni lo hará, a ser mejores personas o a funcionar como una verdadera sociedad. La gente es cada vez más individualista y egoísta; ya no nos importa ceder el paso al de alado, es más, a veces ni nos percatamos de que está ahí.

El 2009 nos dejó una horrible resaca de acontecimientos que fueron más allá de los chismes o las comentadísimas muertes de celebridades: la violencia se vino a más, los empleos a menos; un obeso miserable hizo su desmadre en Hacienda y luego lo "premiaron" con un puesto más cómodo para él.

Ahora comienza el 2010 con precios más elevados y sueldos más bajos, gracias a la retención de nuevos impuestos, pero eso sí, también se nos vende el espectáculo del año del "Bicentenario" y las fiestas que lo acompañan.

La clase política ha tomado el discurso de que hace 200 años los mexicanos nos liberamos de la opresión, y que hace 100 tomamos un camino digno como nación, en el que afirmamos nuestra identidad.

Hoy nos encontramos en una etapa poco distinta a la de uno o dos siglos atrás: nuevamente los hombres en el poder doblegan al pueblo con discursos y promesas llenas de falsedad, pero ahora se sirven de la tecnología para aletargarnos.

Sin ser pesimista me atrevo a decir que el 2010 pinta para ser un año terrible, pero cargado de esperanza, pues significa la oportunidad idónea para celebrar esos centenarios de la manera que se debiera: es un buen momento para que los ciudadanos tomemos el control del país, que exijamos a nuestros gobernantes resultados óptimos y no promesas hipócritas y estadísticas ficticias.

Viene siendo hora de despertar del sopor y la indiferencia que han caracterizado a nuestra sociedad a lo largo de varias décadas. Es tiempo de tomar las riendas de nuestro destino y exigir a las autoridades que terminen con la ola de violencia y pobreza en la que nos tienen sumergidos.

Basta de pensar individualmente y de querer escalar al éxito por medio de la espalda de los otros. Es momento de pensarnos como sociedad que crecerá en la medida en que nos preocupemos por lo que pasa más allá de las cuatro paredes de nuestras casas. Miremos que no sólo estamos acabando con el medio ambiente (otra circunstancia en la que debemos recapacitar), sino también con nosotros mismos.

Quiero hacerles llegar mis mejores deseos para este 2010, espero que les sea un año de salud, bienestar y reflexión; levantémonos e impidamos que el país termine de hundirse en la mierda que parece llegarle hasta el cuello.